"... Su voz, a menudo, cuando empezaba a contar algo se precipitaba a toda carrera y de pronto se detenía en seco. Avanzando como a tirones, a trechos rápidos seguidos de silencios bruscos, suscitaba sensaciones de impulso contenido, intriga y movimiento furtivo. Otras veces, en cambio se sosegaba y transcurría lenta y espesa..."
(Oír su voz, Arturo Fontaine)
Estoy releyendo Oír su voz. Me pasa algo raro con la voz, su voz. Cierro los ojos por ratos largos para no ver y sólo oír la voz, su voz. Y es que la voz me importa demasiado. Más que el pelo, la nariz y la boca. Más que las brazos y los pies. No m
ás que las manos (mi debilidad son las manos); pero sí más que la espalda, el cuello y los hombros. No más que el silencio (su silencio me encanta), pero sí más que la risa. La voz, su voz, cuando dice mi nombre o cuando nombra a las cosas por su nombre y dice cucharón, cerrojo o lluvia. Incluso cuando dice palabras que no me gustan como escalera, aguja o micro. La voz, su voz, mirándome o sin verme. Frente a mí o desde un teléfono. La voz, su voz, fuerte o susurrante. De lejos, muy lejos, o cerca, tan cerca como en mi cuello y entonces el airecito tibio y mis ojos cerrados.
ás que las manos (mi debilidad son las manos); pero sí más que la espalda, el cuello y los hombros. No más que el silencio (su silencio me encanta), pero sí más que la risa. La voz, su voz, cuando dice mi nombre o cuando nombra a las cosas por su nombre y dice cucharón, cerrojo o lluvia. Incluso cuando dice palabras que no me gustan como escalera, aguja o micro. La voz, su voz, mirándome o sin verme. Frente a mí o desde un teléfono. La voz, su voz, fuerte o susurrante. De lejos, muy lejos, o cerca, tan cerca como en mi cuello y entonces el airecito tibio y mis ojos cerrados.
1 comentario:
Lei el libro, lástima que no me evoca lo mismo que a ti...
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